Archivo de Mayo 2008

Dos de mayo. El grito de una Nación (Arsenio García Fuentes), por J. Galán.

Mayo 31, 2008

Da la sensación que las efemerides sobre el dos de mayo se han quedado reducidas a la ciudad de Madrid, y que, por ejemplo, aquíen Asturias, habiendo tenidotanta importancia como la tuvo la Junta General del Principado en sus negociaciones en Londrés, haya pasado sin pena ni gloria. ¿Estaremos, una vez más, ante la verguenza de nuestra propia historia, ante el miedode ser tachados de nacionalistas españoles, o, lo que es pero, de fachas?

Este libro es un obra compleja donde, a raíz de una exhaustiva invesrtigación, el autor reconstruye el antes, el instante y el después del alzamiento nacional, ques lo que fue, contra la invasión napoleónica. No sólo Luis Doaiz o Pedro Velarde pasan por estas páginas, todo el pueblo español, ya que en Madrid está todo el pueblo español reflejado, se deja ver en esta historia que nos detalla como hasta el último de los niños madrileños quisieron, aún a pedradas, expulsar al frances.

Unos por odio al gabacho, otros por amor a Fernando VII, algunos, pocos, por amora la patria y a la libertad que se intentaría consagrar en 1812 en Cadiz.

1808 supone la expiación colectiva de una nación que se vio a sí misma como una potencia herida que no deseaba morir sino matando, pero, 1808, supuso también la llegada de un nefasto Rey, Fernado VII, la rehabilitación de los absolutistas, y el convulso siglo XIX que con sus luces y sus sombras nos alejó de Europa y de tanto como en aquellos años se hizo en todos los campos del saber.

Arsenio Garcia Fuentes nos pone a todo un pueblo sobre la mesa, luchando por su libertad, con distintos argumentos, pero contra la opresión de un tirano que hizo de una revolución su excusa para instaurar su propio dominio en Europa.

Que poco hemos aprendido, aún, de las revoluciones, de los ilumindaso y de las futuras “ciudades del sol”.

Junto a 1808, 1945, 1989… y para cuándo China, Cuba, Irak, Corea del Norte, etc, etc. Hacen falta áun varios dos de mayo, y, como entonces, siguen haciendo falta algunos Daoiz, algunos Velarde, y pueblos que no se amilanen ante la libertad, que no deseen Fernandos Séptimos en nombre de la PAZ.

De las razones por las que me desespero en los actos públicos, especialmente en los musicales, por la mala educación de los asistentes. A. Galán (mayo de 2001)

Mayo 30, 2008

Lo reconozco: alguna vez puedo haber caído en lo que critico, la mala educación de la gente que no sabe comportarse en un acto público y con su proceder, molesta a los que tienen alrededor. He llamado la atención a muchas personas, especialmente mujeres aunque también hubo algún hombre, que, cerca de mí, hablaban, comían caramelos, seguían el ritmo con el pie o hacían cualquier cosa que impedía que el resto oyéramos la música o al conferenciante con tranquilidad, por lo que un día, enfadado y harto, me decidí a escribir una carta al periódico comentando esta conducta del público, preferentemente, musical. Mucha gente me felicitó por el escrito, habiendo quien buscó mi teléfono en la guía para llamarme y decirme que estaba de acuerdo conmigo, pero el problema es que todos los que leyeron la carta, por lo menos los que me llamaron o me lo comentaron, son los que se portan correctamente y como yo se desesperan y los demás son los maleducados, por lo que éstos, que son quienes deberían aprender y corregir sus defectos, como no leyeron la carta seguirán haciendo lo mismo en todos los actos a los que asistan. Semanas después de publicar esta carta D. Luis G. Iberni, crítico musical de La Nueva España y profesor universitario, publicaba un artículo en el suplemento cultural de los jueves en el que incidía en todo lo denunciado ya por mí y que para tan poco ha servido pues una gran parte del público sigue comportándose incorrectamente.

Con el paso del tiempo han ido apareciendo o me han ido indicando nuevas formas de hacer ruido que no tuve en cuenta en la carta. Especialmente hay una que por desgracia sucede con mucha frecuencia en nuestra lluviosa Asturias: el público acude con paraguas y en vez de dejarlo en el guardarropa o apoyado en el suelo lo cuelga de la butaca que tiene delante, pero como los respaldos no están diseñados para ello, no es raro que durante el concierto dos o tres paraguas se vengan al suelo con el consiguiente estruendo.

En la Filarmónica, donde suelo sentarme, casi siempre, en la misma butaca tengo tres vecinos, dos mujeres y un hombre, que están hablando hasta el mismo inicio del concierto, y cuando éste comienza sacan una linterna y entonces es cuando miran el programa; como ya son mayores no se dan cuenta del ruido que hacen con el papel ni la molestia que es la dichosa linterna. Aunque parecen muy aficionados a la música y socios antiguos de la sociedad no deben de saber mucho de música o necesitan saber tanto que el número de la linterna se da en el inicio de cada movimiento para ver si es un adagio o un allegro. Extraño me parece que un aficionado tenga que estar consultando el programa tan continuamente. Una vez que se me ocurrió llamarles la atención y quedaron extrañadísimos, pues según una de las señoras, era la primera vez en los muchos años que llevaban asistiendo a la Filarmónica que alguien les reconvenía por su proceder. ¡Increíble!

Y en el Auditorio tenemos al que tiene la desgracia de que le toca una butaca que rincha, hay bastantes sobre todo después de conciertos populares, y teniendo muchas vacías junto a la suya no es capaz de cambiarse al notar el ruido que hace cuando efectúa el más mínimo movimiento.

Y esta fue la carta que publiqué en La Nueva España el 14-5-2001: 

 

PÚBLICO MUSICAL DE OVIEDO

Escuchado cientos de veces el comentario de que Oviedo es una ciudad con gran afición musical, desearía hacer algún comentario sobre el público que asiste a los conciertos en nuestra ciudad y sin entrar sobre el nivel de afición, del que escribiré otro día, querría hablar del comportamiento durante los conciertos de este público “aficionado”.

Empecemos por algo que parece que se está mitigando: el sonido de teléfonos móviles durante los conciertos. Pese al aviso que efectúa la megafonía del Auditorio antes de comenzar la función,  alguno teléfonos siguen sonando, distinguiéndose si corresponde a un hombre o a una mujer: en el caso del hombre suele sonar una o como mucho dos veces pues lo lleva en el bolsillo y le da tiempo a apagarlo pronto. Si el teléfono le suena a una mujer el timbre sonará varias veces hasta que pueda ser encontrado y desconectado en el bolso que normalmente llevan con ellas (Esto es una realidad y no un comentario machista). Como digo ya son pocos los casos pues casi todo el mundo se está acostumbrando a apagarlo al principio de la función, pero no sucede lo mismo con los relojes con alarma que desgraciadamente siguen sonando alguna vez, no se sabe si  para avisar a sus propietarios que es la hora de la merienda o de alguna pastilla que deban tomar.

Casi todo Oviedo parece estar acatarrado continuamente, las toses cada vez son más fuertes y pocos son los que tienen la delicadeza de poner delante de la boca el abrigo o chaquetón que tiene encima de las piernas o un sencillo pañuelo, lo que haría mitigar el sonido en un gran porcentaje. Sencillamente se tose o se carraspea al aire y sin tener en cuenta que lo que esté sonando sea un allegro, donde se disimula más, o un adagio donde todo el público lo oye. Se ha dado el caso de toser con fuerza acompañado las dos notas finales de una obra. De todas formas no llego a entender que personas adultas, aficionadas a la música no sean capaces de contenerse sin toser o carraspear durante diez o veinte minutos que puede durar como mucho un movimiento. Aunque también es bastante feo y desagradable el estrépito de toses y carraspeos que se produce al acabar un movimiento. Lo ideal sería aguantar toda la obra sin toser y sin carraspear, lo que considero posible con un poco de fuerza de voluntad. Aunque los peores de todos son los gangosos que además del ruido producen asco a quien los oye.

Pero peor es quien para no toser desenvuelve caramelos durante la audición: para no hacer ruido, y molestar menos, lo hacen muy despacio y con suavidad, por lo que el sonido dura más tiempo, ampliándolo aún más si la persona es educada y no quiere tirarlo al suelo introduciéndolo en el bolso y volviendo a hacer ruido o, ya el colmo, manteniéndolo en la mano y jugando con él.

Tenemos también a los que pasan calor y se abanican, bien con un abanico que no mete ruido pero mueve al aire de los que están a su lado y les molestan con él y con el movimiento, bien con el programa que además mete el pertinente ruido. Recientemente he descubierto a la señora que se abanica con mucho cuidado, sin meter ruido, pero en sus muñecas lleva varias pulseras con colgantes que suenan con un alegre campanilleo, que puede además estar acompañado por una blusa de lentejuelas que con el viento del abanico acompaña suavemente al sonido de los colgantes. (Recientemente, gracias a un artículo del ya mencionado Profesor Iberni, me he enterado que a los propios solistas puede llegar a molestar el tener un objeto en movimiento durante su actuación. Hay una anécdota de una soprano que pidió que una señora dejara de abanicarse pues lo hacía en ritmo binario y ella estaba cantando en ritmo terciario)

Otra molestia se suele dar al principio de las obras o especialmente en las propinas: el que presume de conocer la obra la tararea para que su pareja y los de alrededor vean que la conocen. ¿Se imaginan a todo el Auditorio tarareando Carmen con la London Symphony Orchestra? Aunque más incómodos son los que siguen el ritmo con el pie, que aunque parezca mentira, todavía los hay. Otra molestia frecuente suele ser los cuchicheos entre dos personas, comentado desde el vestido de la violinista hasta lo bien que ha hecho un solo el trompa.

¿Y qué me dicen de los que llegan tarde y entran mientras está sonando lo que sea? Todos deberían de saber que mientras la orquesta está actuando nadie puede entrar en la sala, aunque aquí la llamada de atención tiene que ser para las encantadoras y educadísimas acomodadoras del Auditorio que les dejan entrar en la sala cuando ya la Orquesta ha empezado a tocar.

Y para finalizar tenemos los aplausos: los que tan emocionados están  que aplauden al final de cada movimiento; los más emocionados todavía que aplauden antes de acabar la obra; los que aplauden todo, hasta al funcionario de la OSPA que sale al escenario a colocar las partituras del Director, confundiéndolo con éste, y los peores de todos, los que de verdad conocen la obra y, para que lo sepamos todo el público, aplauden antes de que la música se extinga, estropeando ese maravilloso momento en el que la música se diluye en el silencio.

He de decir en descargo de muchas personas que se nota la diferencia del público de la OSPA al público de otros conciertos, principalmente cuando estos son de orquestas o intérpretes famosos y acuden toda suerte de personajes que no saben comportarse pero que tienen que presumir que ellos estuvieron “viendo” a “la de Nueva York” o a “la de Londres”. Y, por favor, que nadie se ofenda o enfade conmigo: todo lo que cuento ha sido vivido por mí en el Auditorio, el Campoamor o la Filarmónica, y si alguien cree que él no hace ninguna de estas cosas que en el próximo concierto se analice y vea que sí alguna  hará que puede molestar al resto de los espectadores. Y si hay alguien tan perfecto al que ni se le siente ni se le oye, que enseñe a todos los conocidos o a los que tiene alrededor cómo deben comportarse para que todos aprendamos a respetar al resto de los asistentes.

Pepa Osorio (1923 – 2005) y Alarcos Llorach (1922 – 1998)

Mayo 29, 2008

Dos actos en dos días, 25 y 26 de mayo.

Inaguración de la antología de Pepa Osorio, Sala de exposiciones del BH, ya anunciada aquí y que ahora podemos leer la crónica y ver sus fotos tanto en La Nueva España como en La Voz de Asturias.

Muchas gente: amigos, familiares, conocidos e invitados por la entidad finanera que organizaba el evento y que tuvo a bien dar de cenar a mucha gente ese día. Hubo incluso que se llevo el tentempié para medianoche, a costa de ensuciar el interior de su bolso. Arte en estado puro.

Por otro lado fallo del premio de Poesía Alarcos Llorach, en el RIDEA, con presencia de Sabina, insignificante frente al ganador del año pasado Julio Rodríguez, amigo.

Inquientante presencia del Secretario General de la UGT tanto a nivel Nacional, Cándido Méndez, como el asturiano Justo Rodríguez Braga. Poesía y sindicatos, un canto al estalinismo.

Narajas cada vez que te levantas, Visor. Sólo 8 € y largos momentos de intensa posesía, amor y muerte en un sólo capítulo.

También La Nueva España y La Voz de Asturias.

Burocracia (Ludwig von Mises) por J. Galán.

Mayo 26, 2008

En un país, y escribo España, que a pesar de haber dado a la humanidad el nombre de liberal, el amor por el Estado no ha disminuido desde la exaltación de Fernando VII, de forma que la lectura de los  clásicos del liberalismo continental nos desvelan una  línea de pensamiento actual y válida para enfrentarnos a los problemas del siglo XXI.

Y eso ocurre con la lectura de Burocracia. Gestión Empresarial Frente a Gestión Burocrática, de Ludwig von Mises, editada por la siempre  sorprendente Unión Editorial.

En esta breve obra, la primera que el autor austriaco publicó en los EEUU, nos enfrenta con dos visones de la gestión de los dineros, una visión burocrático-administrativa, presente en todas las administraciones del mundo, pero en especial en las Europeas al albur del Estado de Bienestar, y otra visión burocrático empresarial, más extendida por los EEUU, pero no carece de enemigos en ambos lados del Atlántico.

Nos deja claro Mises que la burocracia es necesaria, y que sin ella los sistemas no podrían gestionarse, sea una empresa o un ministerio. Pero también nos deja claro que el fin de la burocracia estatal es el cumplimento de las normas por las normas sin un fin concreto, y el fin de la burocracia empresarial es ganar dinero y para ello las empresas, también con burocracia, deben ser los más eficientes posibles para satisfacer al soberano, el consumidor, que en tanto que consumido manda sobre las empresas, aun las más burocratizadas, pero que en tanto que ciudadano del Estado, poco puede hacer frente al funcionario burócrata.

No se soluciona el problema de un Estado contratando como altos funcionarios a empresarios, véase un muy actual ministra empresaria, científica y ¿mujer de cuota?, estos en el mismo instante que entran a formar parte de la Administración se convierten en burócratas cuyo fin es cumplir las normas, sean eficientes o no, su mejor resultado será no fallar a las normas, no resolver los problemas de la sociedad.

Sorprende descubrir en esta pequeña obra, en dimisión, aspectos de plena actualidad, como el afán de los defensores del Keynesianismo por inculcar en los ciudadanos el amor por el Estado y su maquinaria, a través de asociaciones como la Asociación para la Educación Ciudadana (estamos en los años 40 del siglo XX), asociación liberticida, que junto con eminentes profesores de Cambridge como Joan Robison temen la presencia de instituciones independientes, no controladas por la burocracia estatal, instituciones privadas que ellos sólo permitirían si el sistema fuera tan fuerte como para tolerar la crítica (páginas 151 y 152), recordando todo ello a la actual polémica sobre la “nueva” educción para la ciudadanía.

En definitiva un pequeño libro, 165 páginas, con una gran importancia para aquellos que deseen contra argumentar a la omnipotencia y omnipresencia de los aduladores del lo público y los enemigos de la libertad, la empresa y la individualidad privada.

Vida y Destino (Vasili Grossman) por A. Galán.

Mayo 23, 2008

Más de 1.110 páginas, 150 personajes y unas 20 sagas narrativas se encargan del mundo civil, político y militar de la Segunda Guerra Mundial en suelo ruso. Una empresa decimonónica con los bagajes de la crónica narrativa del siglo XX.

 Con la batalla de Stalingrado como centro narrativo el personaje de Shtrun (podríamos decir Grossman), intelectual judio fascinado por la relatividad y la física cuántica, encarna perfectamente la perplejidad de una época ante sus propios logros y su incapacidad para dominarlos. El dolor de una madre obligada a despedirse de su hijo, el amor de una joven bajo los bombardeos o la pérdida de la humanidad de los soldados en el frente ante la atrocidad de la guerra, son algunas de las historias que entretejen esta novela coral que retrata el alma del hombre del siglo XX

Grossman escribe sobre uno de los períodos más oscuros de la historia europea, y el tono general de su novela es, correspondientemente, sombrio.

Sin embargo, no carece de amor, fe y esperanza, incluso hay una especie de optimismo en su creencia de que nunca nos es imposible obrar moral y humanamente, incluso en un campo de trabsjo sovietico o nazi. Y esta sútil comprensión de la época: la culpa, la inseguridad, la duplicidad, el dolor y la complejidad de la elección moral, da a su obra un valor duradero.

Pero no hay aquí un canto de esperanza, ni el laudo de la oración fúnebre, como tampoco hay pesimismo lastimero, ni histórico ni antropológico. Hasta el mismo pesar está tratado como una condición humana capaz de exaltar lo mejor y lo peor de cada cual.

A Grossman le preocupa sobre todo la moral en el sufrimiento, es decir, le preocupa el sentido de lo humano cuando todo habita en el infierno.

Exposición Pepa Osorio 1923 – 2005.

Mayo 22, 2008

Próximo lunes, día 26 de mayo, en la Sala de Exposiciones del Banco Herrero de la calle Suárez de la Riva de Oviedo.

Concierto 10 del año 2008 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo

Mayo 22, 2008

El pasado lunes 19 de mayo, a las 19 horas y 45 minutos asistí a mi primer concierto como Socio de Número de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, habiendo heredado el número de socio de mi padre, y siendo, como lo era él, el más jóven del público, que sin exagerar rondaría una media de 70 años.

El concierto hizo el número 10 del año 2008, dentro de los 102 años de historia que tiene esta sociedad. En total, con el del lunes 19, se han organizado 1.811 conciertos.

El programa fue el siguiente:

Orquesta Filarmánica de Pilsen, siendo solista Violín Stepan Prazak y Director Jaroslav Krcek.

Primera Parte: El Barbero de Sevilla, obetura, de G. Rosini (10′), y el Concierto para violín y orquesta en La Mayor KV 219, de W. A. Mozart (22′).

Segunda Parte: Sinfonía Nº 7 en La Mayor, Op. 92, de L. V. Beethoven (40′).

Bis: Coral Air nº 147 de J. S. Bach.