Palabras de Mujer, por A. Izquierdo.

By jgalanf

Adolfo era un hombre bueno, tremendamente honesto y leal. Muy amigo de sus amigos; incapaz de hacer una crítica de nadie. Jamás oí salir de su boca el más leve comentario de la vida de los demás.

 

Llevó su enfermedad del corazón con entereza y, siempre pensó que se moriría joven como sus padres, por eso desde su jubilación hace ya 12 años intentó rellenar su vida con todo lo que a él gustaba: leer sin descanso, asistir a todos los conciertos del auditorio y de la Filarmónica, ópera, zarzuela, etc. No había presentación de libro o conferencia en la que no estuviera, exposición que no visitara, museo que no conociera. Asistía a clase a la Universidad e intentaba aprender constantemente.

 

Le encantaba salir a cenar conmigo y nuestros amigos y tomar copas – ahora muchas menos -.

 

Viajamos por todo el mundo y ahora ha emprendido uno nuevo viaje del que, por desgracia, no regresará.

 

Pero se ha muerto como él deseó siempre, sin enterarse, aunque demasiado pronto y con muchas cosas aún por hacer.

 

El 14 de agosto del 2007 tuvo un nieto “Juanín” al que adoraba. Fue el día más feliz de su vida. Luchó por verle crecer pero no pudo ser.

 

Tenía un carácter fuerte y bastante difícil, pero era sensible, generoso y yo le quería con locura.

 

Esté donde esté creo que se sentirá orgulloso de ver como le apreciaba la gente.

 

Se ha ido sin despedirse pero siempre estará en nuestros corazones.

 

Ana. Su mujer.

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