Ryszard Kapuscinski fue un premio Principe de Asturias más que merecido. Su obra a caballo entre el reportaje, el periodismo, la historia, la sociología y, en ocasiones la comedia, la acción y el drama, es merecedora de ese y muchos más premios. Muerto Riszard parece muerte una forma de entender la profesión.
En Imperio nos desvela la inmensidad de la catástrofe comunista, la verguenza de dicho sistema, su imposibilidad histórica y científica, su barbarie y su estupided. Aún así, y a pesar de los cientos de libros que nos han de jado de manifiesto la esencia del mal en el comunismo y su realidad demoledora, inhumana y salvaje, son miles los ciudadanos que aún hoy sueñan con volver por esos fueros, que con orgullo se manifiestan comunistas o no están por la labor de condenar sus masacres.
Al igual que Martin Amis en Koba, El Temible, de Imperio se puede extraer la simple conclusión de ¿cómo, aún hoy, se puede uno enorgullecer de su pasado o de su presente comunista, sin caerle la cara de verguenza o sin que quienes le rodeen, al igual que harían con un nazi, le den la espalda?

La obra en un continuio dejar en evidencia los conflcitos y miserias de la sociedad en la URSS, así, como ejemplo está única página donde se ha de buscar “el tunel de la risa”.
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